La Isla de San Pedruco, un oasis para la vida salvaje

Frente a la playa del Ris, en el municipio de Noja, se localizan muy cerca de la costa una línea de peñones e islotes, que otorgan un singular paisaje costero. Entre otros, destacan el islote de la Oliva, el de San Pedruco y el peñón del Águila. Todos ellos conforman uno de los ecosistemas más valiosos de esta parte de costa.

Esta formación rocosa es consecuencia de la acción del mar sobre la costa. Durante miles de años las olas han ido modelando esta parte de la costa cántabra, erosionando las zonas más frágiles y dejando aisladas todas estas islas calizas.

En primer término la isla de San Pedruco, con su ermita, y detrás a la izquierda el islote de la Oliva.

En primer término la isla de San Pedruco, con su ermita, y detrás a la izquierda el islote de la Oliva.

Al islote la Oliva, por su proximidad a la playa, se puede acceder andando durante la bajamar y así llegar hasta los restos de una langostera. En la costa de Noja y Arnuero existen muchos restos de estas infraestructuras que se utilizaban en el pasado para mantener y engordar las langostas que se pescan en el Cantábrico. A día de hoy, aún se siguen utilizando varias de ellas ligadas a muchos de los numerosos hoteles que existen.

En cambio a la isla de San Pedruco, sólo se puede acceder en embarcación. En lo alto de la isla existe una Ermita dedicada a San Pedro ad vincula. Durante muchos años las gentes de Noja realizaban procesiones de rogativas y romerías marítima para honrar al santo. Estas celebraciones se terminaron un año en que, mientras los romeros iban con sus barcos hasta la isla se desató una repentina galera con fuertes olas que rompieron o volcaron las embarcaciones.

Este Islote se encuentra cubierto por vegetación, donde destaca la higuera (Ficus carica), que ocupa la práctica totalidad de la isla, y el hinojo marino (Crithmun maritimun), que ocupa las zonas más cercanas a la salpicaduras del mar.

Desde el abandono de las romerías la fauna se asentó en la isla. Los primeros años la gaviota patiamarilla (Larus michahellis) fue asentando su población llegando a las 150 parejas reproductoras.

Adulto y Pollo de gaviota patiamarilla (Larus michahellis).

Adulto y Pollo de gaviota patiamarilla.

A principios de los años 2000, este islote fue colonizado, por la garcilla bueyera (Bubulcus ibis), un ave introducida en Cantabria por la ayuda humana. Comenzaron a nidificar unas pocas parejas, pero en la actualidad han llegado a las 650 parejas (Com. Per. De Vega, L. 2020). Utilizan las quimas y ramas de las higueras para construir un nido muy endeble de palitos de carrizo, donde incuban entre tres y cuatro huevos. Los pollos nacen a finales de Junio, y en un par de meses comenzarán a volar. Su alimentación se basa en todo tipo de gusanos e insectos, e incluso es capaz de capturar pequeños lacértidos. Las higueras están sufriendo la saturación del islote pues con la gran cantidad de deyecciones de las aves se acaban secando, y las garcillas están variando la colocación de sus nidos, dejando las higueras para construirlos directamente en el suelo.

Otra Ardeida que ha colonizado la isla de San Pedruco es la garceta común (Egretta garzetta). Su población reproductora es de 12 parejas. Colocan sus nidos entremezclado con los de las garcillas en las higueras.

Pareja de garcilla bueyera (Bubulcus ibis).

Pareja de garcilla bueyera.

Nido de garcilla bueyerera (Bubucus ibis) con 3 pollos.

Nido de garcilla bueyera con 3 pollos.

 

Pollo de garceta común (Egretta garzetta) a la izquierda y de garcilla bueyera (Bubulcus ibis) a la derecha.

Pollo de garceta común a la izquierda y de garcilla bueyera a la derecha.

A parte de las aves, también existieron reptiles en la isla. La lagartija roquera (Podarcis muralis) contaba con una buena población, pero desde la llegada de las garcillas ha desaparecido por la intensa depredación que han ejercido sobre ellas (Com. Per. Aja, J.J., 2020). Esperemos que la fauna siga habitando este peñón cantábrico por muchos años.

Equipo de guías del Parque Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel.

 

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